siento olvidar que ya no me quieres, sobre todo cuando recibo mensajes a las tres de la mañana y las mariposas de mi estómago se revolucionan al ver que eres tú insistiendo en cuánto me echas de menos y pidiéndome que vaya a tu casa. (yo, como reina de las pringadas que soy, voy sin pensarlo dos veces). y al día siguiente, mis mariposas mueren tras ver que ya estás de la mano con otra. y cuando cruzamos miradas, tienes la capacidad de congelarme hasta el alma. esa misma tarde, te mando esperanzada una ristra de mensajes que tú siempre decides no responder. (no lo hagas, por favor. no merezco tu atención). de verdad, lo siento. lo siento por no ser mejor que todas las chicas que han venido después de mí. no entiendo cómo me prefieres antes que a ellas en tus noches de borrachera. no hace falta que me hables, deberías olvidarte de mí. (¿o quizás soy la única tonta que atiende tus llamadas?)
¿por qué las cosas se tuercen de una manera tan repentina?
¿y si realmente no son cambios repentinos? ¿acaso soy tan ilusa que me niego a darme cuenta de tus señales?
y es que de un día para otro desapareciste, como ocurre con el frío en el paso de la templada primavera al caluroso estío.
y allí me quedé, como una boba, mirando cómo te alejabas de mis dedos, cómo se desvanecía tu calor y me dejabas en medio de mi ártico personal.
¿qué hago ahora con todo este amor? ¿lo tiro a la basura? ¿lo coloco en una estantería, como decoración, hasta que decidas volver de esa hibernación que tanto me decías anhelar?
pero tú nunca vuelves, y yo ahí sigo, en una cama helada planteándome todo y nada.
imaginándote cada noche y cada mañana para no romperme, para intentar seguir adelante sin que mi corazón caiga en la congelación total.
te veo en la calle, te veo en mi casa, te veo en la cara de todos con los que acabo compartiendo lecho para conseguir olvidarte, sin éxito.
¿fue mi culpa? ¿fue la tuya? ¿fue de ambos? ¿o simplemente el destino vio oportuno darme esta puñalada en las entrañas?
y ahora finjo que te odio, que me repugnas, que ya no quiero saber nada de ti, que nunca quise estar contigo.
pero mis mariposas en el estómago cada vez que alguien te nombra o lo nerviosa que me pongo cuando dicen que estás cerca me delatan.
me siento inútil, estúpida, ingenua.
todo por no odiarte con todo mi ser.
y es que cómo odiarte, si contigo me sentía por fin yo misma.
y ahora que te has ido, ¿cómo sabré quién soy de nuevo?
estoy perdida, en el mundo, en mi mente.
me busco y no me encuentro, me escondo de mí misma por puro miedo a hallarme.
a tener que reconocer que sin ti puedo ser alguien, que no te necesito más.